Historia de la batalla de las
Navas de Tolosa, que ganó a los moros
don Alonso VIII de Castilla.
Por Don Ridrogo Ximénez de Rada, Arzobispo de Toledo.

Batalla de Las Navas de Tolosa, óleo de Van Halen expuesto en el palacio del Senado (Madrid).
Acabado un año en el tiempo que los Reyes suelen ir á las faziendas, que
es en el mes de marzo, este noble Rey de Castilla don Alonso ayuntó toda su
gente en Toledo, é fizo arrear muchas viandas, é armas. E los corazones de los
homes eran encendidos para lidiar con los moros, é la ciudad de Toledo era muy
cumplida. Otrosi el año de ante allegara mucha vianda á sabiendas para aquello;
é cumpló á todos tan granadamente, que es maravilla, procurándolo, é
enderezándolo el Arzobispo don Rodrigo de Toledo.
E allí atendieron á los mandaderos que el Rey, é el Arzobispo habían
enviado á muchas partes, é allí llegaron muchos de muchas partes. E comenzóse
la ciudad de Toledo á henchir de muchas compañas, é de muchas armas, é de
muchos homes de muchas lenguas. Ca de tal guisa eran encendidos los corazones
de los homes para lidiar por el amor de Dios, que fascas de toda la Europa se
ayuntaron gentes en Toledo.
E en todo esto no había hi ninguno que dijese que mengua ninguna había. Ca de una parte la villa estaba muy bien complida de suyo, é de la otra el noble Rey don Alonso daba muy complidamente á todos quanto habían menester. E el venir de las gentes comenzó desde el mes de hebrero, é vinieron pocos á pocos cada dia: ansi que por todo el invierno vinieron en guisa, que quando el verano entró, eran ya muchos ayuntados en Toledo.
Y porque las gentes eran muchas, é de muchas tierras, é de muchos
lenguajes, é en el departimiento, é en el vestir, é en las costumbres, por ende
ordenó el Rey don Alonso, que al Arzobispo don Rodrigo que demorase en Toledo,
de donde era Arzobispo, porque guardase las gentes de pelea: é el nuestro Señor
ansí lo ordenó por la su merced, que nunca hobo pelea, ni roído alguno porque
se pudiese alargar la ida á la lid: como quiera que el diablo probó de la
enligar muchas vezes, mas non pudo.
E porque aquellas gentes que venían cansadas eran muchas, ordenó el
noble Rey don Alonso, que posasen por menos trabajo en la Huerta del Rey, so
los árboles á costa del Rey, fasta que movieran para la lid. E á cabo de ocho
dias despues de la cinquesma el Rey don Pedro de Aragon, leal amigo del Rey don
Alonso, allegó á Toledo al plazo que pusieron y por amor de llegar al plazo muy
aína, facia grandes jornadas, mayores que á Rey pertenecían. E quando llegó á
Toledo, recibióle el Arzobispo don Rodrigo con gran procesión, é con gran
honra, é mandó poner las mesas en la Huerta del Rey fasta que llegasen sus
gentes todas.

Pedro II de Aragón y su esposa, María de Montpellier.
De los que
vinieron á la lid, que el noble Rey don Alonso habia de haber con
el Rey Miramamolin de los moros.
Comenzaron las gentes á venir á la fama de la lid que habia de facer el
noble Rey don Alonso de Castilla con los moros. E vinieron muchos de tierra de Francia,
é vino el Arzobispo de Burdeos, é el Obispo de Nantes, é muchos Ricoshomes. E
vinieron otrosí de tierra de Lombardia muchos caballeros simples, é muchos
homes de á pie. E vino otrosí el Arzobispo de Narbona don Arnalte, que fuera
otro tiempo Abad del Cistel.
Este don Arnalte moviera los corazones de muchos con celo de la fé de
Jesucristo contra los hereges, que denostaban su santa fé con boca falsa en
tierra de Narbona, é de Carcasona, é de Tolosa, é de Bedes, é fizo venir los
cruzados contra ellos, é destruyó á Bedes, é á Carcasona, é quemó muchos hereges,
é limpió la tierra dellos era de mil y docientos y cuarenta y seis años, é de
la Encarnacion del Señor mil é docientos é ocho años. Este Arzobispo de Narbona
don Arnalte trujo consigo muchos cruzados de la Francia de los godos, que
traían mu chas armas, é muchas sobreseñales, é venían bien guisados, é llegó
allí á Toledo, é recibiólo el noble Rey don Alonso, é el Arzobispo don Rodrigo
de Toledo mucho honradamente.
E vinieron otros muchos caballeros, é bien guisados, é muchas gentes de á pie, mancebos bien guisados, é ligeros, é mucho atrevidos de tierra de Portugal.
Cómo llegaron los nobles de Aragón en ayuda del Rey don Alonso
Poco tiempo despues desto llegaron los Ricoshomes de Aragon muy bien
guisados de muchas armas, é de muchos, é muy hermosos caballos á Toledo. E eran
entre ellos don García Romero, é Jimen Coronel, é Miguel de Vala, é Aznar
Pardo, é Guillen de Gorbera, é el conde de Ampurias, é Ramon Foci, é otros
muchos principales caballeros de un escudo, é de una lanza, é muchos
ballesteros de pie, é de caballo, é otros lanzeros eran con el noble Rey don
Alonso en Toledo, é muchos Ricoshomes Fijosdalgo, que eran muy nobles, é muy complidos
de todo lo que habían menester: á los cuales los enemigos, no tan solamente los
temían, mas aun decían, que merecían mucha honra.
E otrosí allí vinieron las gentes de los concejos, tantas, é tan buenas,
é tan guisadas, é con tantas armas, é con tanta vianda, que era gran maravilla,
de manera, que no habían menester que ninguno les diese de lo suyo.
Otrosí vinieron muchos Obispos, que eran muy devotos, é rogaban á Dios
por el pueblo cristiano, é daban buenos consejos, é sanos á los pueblos, porque
hubiesen celo en la fé, é repartían lo que tenían con los que lo hablan
menester, é parábanse á muchos trabajos, é á muchos peligros por el amor de
Dios, é por defender el reino de Castilla de los moros enemigos.
E los del reino de Castilla fueron estos. Don Rodrigo Arzobispo de
Toledo, don Tello Obispo de Palencia, é don Rodrigo Obispo de Sigüenza, é don Melendo
Obispo de Osma, é don Pedro Obispo de Avila.
E del reino de Aragon fueron estos perlados. Don García Arzobispo de
Tarragona, é don Bernalte electo de Barcelona.
De los Fijosdalgo de Castilla fueron estos Ricoshomes. Don Diego López
de Haro, el Conde de Lara don Fernando, el Conde don Alvaro, el Conde don
Gonzalo su hermano: estos tres eran de Lara. Lope Diaz de Haro, Rui Diaz de los
Cameros, Gonzalo Ruiz Giron, é su hermano, é otros muchos homes del reino de
Castilla, cuyos nombres seria largo de contar, é de escribir.
Fué ahí el Maestre de Calatrava Rui Diaz con los sus freyles religiosos,
é buenos caballeros, é amigos de Dios, é muy esforza dos.
Otrosí fueron allí los freyles del Temple con su Maestre Gomez Ruiz, que
murió luego despues de la lid.
Otrosí fueron ahí los freyles del Hospital, que eran muy encendidos en
el celo de la fé, é en el amparo de la tierra, con el su Prior Gutierre
Almildez.
Otrosí fueron hi los freyles de Santiago, que facían muchas buenas caballerías contra los moros, con el su Maestre Pedro Arias, con muchos otros religiosos de muchas partidas, é órdenes, que eran todos en Toledo.
Cómo el Rey
recibia á todos en Toledo, e cómo los honraba, é á todos daba
lo que habian menester.
Maguer que tantas gentes, é de tantas tierras, é tan departidas se
llegaron en Toledo, el noble Rey don Alonso á todos gobernaba, é mantenía, é
todo lo sufría en paciencia: é si alguno decia palabras ásperas, el Rey daba
respuesta mesurado: así que todos habían alegría, é placer, é todo lo al que
habían menester complidamente, é todo lo compila el Rey don Alonso. E tan
noble, é tan complido era en verdades, que todos decían, que mas noblezas, é
mas virtudes había en él solo, que no en todos ellos. Así que con gran razon lo
podían llamar el noble Rey de España. Ga este compila lo que otro home non podía
complir, en guisa que fué siempre grande, é granado, que nunca jamás pudo
olvidar la franqueza que trajera consigo del vientre de su madre.
E así fué granado en todos sus fechos, que decían que no había otro tal
en el mundo, que se pudiese loar de franqueza, sino el noble Rey don Alonso. E
como quier que á los mayores él diese grandes dones, pero de manera lo hizo,
que no alzó la mano délos menores. Ga siendo los de los puertos de Aspa mas de
diez mil homes de á caballo, á cada uno daba cada dia veinte sueldos de los de
á caballo, é á cada peon cinco sueldos, sin los caballos, é sin las armas, é
sin los paños, é sin dones, é sin las otras cosas que el Rey daba en puridad á
los Ricoshomes é á los prelados, que no hay home que lo pudiese poner en
cuenta.
Otrosí lo que dió á los Reyes en dones, é enjoyas, sin las soldadas que
dió á los suyos, no hay home que lo pudiese contar.
E otrosí á los estraños, que no eran de España, non pueden decir que hobieron ninguna mengua. Ca sin lo que les daba de cada dia, dióles el noble Rey tiendas, é bestias en que las llevasen, é dióles á todos vianda, é en que lo llevasen, y todo lo al que habían menester, así que dió á las gentes nueve mil cargas de pan para talegas, é nueve mil acémilas en que lo llevasen.
Cómo vinieron las gentes de Toledo con el Rey para la batalla.
Todo esto fecho y acabado, movieron en el nombre de Dioisde Toledo para
ir contra los moros, é salieron de Toledo á veinte é un dias de junio, é iban los
que eran allende de los montes Perineos por sí. E dióles el Rey don Alonso por
caudillo á don Diego López de Haro.
Otrosí el noble Rey de Aragon iba por sí, é el noble rey don Alonso de
Castilla con toda su gente iba por sí. Pero con todo eso de los unos á los
otros había muy poco espacio, en guisa, que sí menester fuesen, que se pudiesen
acorrer los unos á los otros muy aína.
E en primero dia posaron en riberas de Guadajaraz, é al segundo dia
cerca de Guadacelete, é el tercero dia cerca de Algodor.
E los de allende los montes Perineos posaron cerca de Guadalferza. E
movieron de allí, é cercaron á Malagon, é fizóles Dios buena señal luego, que
como quier que los de dentro se amparaban muy reciamente, empero los de allende
los puertos de Aspa así eran encendidos de morir por el nombre de Jesucristo,
que tan grande priesa les dieron, que los moros comenzaron á enflaquecer, en
guisa que les tomaron los cristianos el castillo, é mataron cuantos moros en él
yacían.
E otro dia llegaron allí los Reyes con sus gentes, é fincaron allí un dia, é fallecióles la vianda: mas luego acorrió el noble Rey don Alonso, é fizo dar á vender vianda cuanto hobo menester, así que tan cumplidos eran, como si fuesen dentro en Toledo.
Cómo gano el Rey á Calatrava, e la dio á los freyles de Calatrava
Movimos de allí para Calatrava, é los moros, que dentro yacían, ficieron
muchos abrojos de fierro, é eran los abrojos cada uno de cuatro cantos, é
echáronlos en todas las pasadas del rio: é como quier que caían, siempre estaba
el un caído para arriba, é al pasar de las bestias convenía que se mancasen de
todos cuatro pies. Porque tantos eran los abrojos, que tres, ó cuatro entraban
por los pies, é por las uñas de las bestias. Mas contra el ordenamiento de Dios
non valen nada los ordenamientos de los bornes, é así quiso Dios que los
abrojos no empecieron á ninguno: ca Dios puso las sus manos, é la su merced so los
pies de las bestias de los sus siervos, é pasamos el rio de Guadiana, é
asentamos el real en derredor de Calatrava. E los moros habían barboteado la
fortaleza de Calatrava, é pusieron encima de las torres armas, é pendones.
Tenían dentro cabritas para alanzar á los del real.
E comoquier que el castillo esté asentado en llano de parte del rio, que
dura mucho, no les pudo ninguno combatir. E de la otra parte tiene el castillo
muy buena barbacana, é grande cava, é muchas torres, que si no la pusiesen
ingenios, é no la combatiesen muy luengamente, no la podrían tomar.
E dentro en el castillo yacía un moro, que ha bía nombre Abenhaliz, que
había grande tiempo, que era mucho usado en las armas, é fuera aprobado en ellas
muchas veces en el cual tenían mucho esfuerzo los moros que yacían encerrados.
E dentro era uno de los del linage de los Almohades, que era señor del
castillo. E tardamos en aquella cerca algunos dias,
E los Reyes, é los Príncipes hobieron su consejo, que como quier que era
en duda si podrían ganar el castillo, pero todos acordaron, que de una vez
combatiesen el castillo, é probasen, qué podría ser. Ellos ar máronse
todos en el nombre de Dios, é pusiéronse en los logares ciertos do combatiesen
el castillo cuales, é de cada parte: é comenzaron á llamar á Dios ayuda, é á
Santiago é comenzamos á combatir.
E así lo ordenó la merced de Dios, que el domingo despues de la fiesta
de San Pablo fue Calatrava dada al noble Rey don Alonso. E dióla luego á los
freyles de Calatrava, que primero moraban en ella é basteciéronla luego muy
bien de armas, é de gente, é de todo lo que habían menester. El noble Rey don
Alonso no quiso tomar ninguna cosa de cuanto dentro hallaron, mas diólo todo á
los de allende los montes Perineos, é á los de Aragon.
Mas el diablo, que siempre hobo envidia de las buenas obras, envió
discordia en los corazones, que venían llenos de caridad, é amor de Jesucristo.
Así que todos los de allende los puertos de Aspa ordenaron entre sí, que
dejasen la cruz de que venían cruzados, del trabajo de la lid, é que se torna sen
para su tierra. E el noble Rey don Alonso dióle cuanto habían menester, é con
todo eso no les pudo tirar del mal talante que tenían. E todos se tornaron sin
honra, é sin gloria, salvo don Amalle Arzobispo de Narbona, que fincó con todos
cuantos mas pudo haber con muchos de los nobles de la provincia de Viana, que
podían ser por todos ciento y cincuenta caballeros, é de la gente de á pie
fincaron algunos. E de la parte de Francia fincó Theobaldo de Rlason, que era
muy buen Hidalgo, é de mucho ardid, é era de linage castellano.
E otrosí el Rey de Aragon, como era leal amigo del noble Rey don Alonso,
siempre estuvo con él fasta en cabo del pleito, como aquel que preciara bien lo
que dice Salomon Si possides ami cum, in tentatione posside eum. Que
quiere decir Cuando tuvieres amigo, cuando en priesa fuere, tenle muestra de
amigo. E aquí pudo ver el noble Rey don Alonso, cada uno cuanto le amaba.
Porque los que temen á Dios, todas las cosas se les vienen á bien, como quier
que granadas gentes de las de fuera se tornaron, ca eran mas de diez mil homes
de á caballo, sin las gentes de á pie, é parecía como mengua en la gente:
empero siempre en todo esto el pleito de los de España fué mejorado de dia en
dia.
E despues que se tornaron los de fuera de España, é tiraron de sí la
cruz de Jesucristo en el tiempo de la priesa, solos los de España, con aquellos
ciento y treinta caballeros, é pocos homes de á pie de fuera de España comenzaron
ir su camino contra los moros, fiando en el nombre de Jesucristo. E primero
llegaron á Alarcos, é pusieron allí su real, é combatieron el castillo, é ganaron
los otros castillos de enderredor, Caracuel, é Almodovar, é otros.
E estándonos allí, llegó el Rey don Sancho de Navarra. E como quier que
en el comienzo dijera que no vernia, pero cuando vino el tiempo del menester,
no se quiso alongar de haber parle en el trabajo, é en la honra.
De allí movieron el noble Rey de Castilla, é el de Aragon, é el de
Navarra, todos tres Reyes en el nombre de la Santísima Trinidad. E el primero
dia fueron á poner la hueste en derredor de Salvatierra.
E á otro dia domingo tovieron por bien los Reyes, é los Ricoshomes, que
se armasen, é ficiesen alarde, é esto viesen así como si hobiesen de lidiar. E
quísolo el nuestro Señor Jesucristo, que tal compaña pareció, é tan guisada de
armas,é de caballos, é señas, é pendones, que los suyos habian placer, é los
enemigos miedo, é pesar. E tales e tantos parecieron que no parecía, que facían
mengua los de fuera de España, que se habían tornado.
En tal guisa fué, que los flacos esforzaron, los dudosos fueron ciertos,
é seguros, é los que cuidaron que los que se tornaron facían mengua, perdieron
todo miedo. E fincaron allí aquel dia, é otro, é al tercero dia salimos dende,
é venimos á otro logar, que se di ce Fresneda. E al tercero dia posamos al pie
del puerto del Muradal, en un logar que dicen Guadalfajar.

Alfonso VIII hace entrega
de Calatrava la Vieja y sus villas
a su maestre y freires
Cómo ganó el noble Rey don Álonso el Castro-Ferrat donde subieron el Mur de las Navas.
En cuanto nos Íbamos así poco á poco para el logar donde habíamos de
lidiar, el Miramamolin, que por otro
nombre decían Mahomad, moraba cerca de Jaén, é ayuntaba sus gentes, é atendía
por allí á los cristianos, que íbamos á lidiar con él: é cuanto en el era no
había talante de lidiar con nusco, porque se temía de los cristianos estraños,
que nos vinieran á ayudar, mas cuidaba, que cuando nos tornásemos, que lo uno con
el cansancio, é lo al con la laceria, é lo otro con la muerte, que él cuidaba
facer en nos, tenia que nunca nos podríamos amparar del. Así parece que de Dios
vino, que se tornasen aquellas compañas, que eran allende los montes Perineos.
Ca despues que se ellos partieron de nos, homes malos, que andaban éntrenos
por esculcas, que dicen ennaciados, fueronse á los moros, é contáronles toda
nuestra facienda, en como se fueran aquellos que eran de los montes Perineos, é
otrosí como nos menguaba la vianda. Pero en cuanto á lo de la vianda mentía:
porque luego que nos partimos de Calatrava, hobimos vianda cuanta hobimos
menester para la gente. E así tovo por bien, é lo ordenó nuestro Señor, que
tomó el Miramamolin ese dia gran osadía con gran consejo que hobo con sus
gentes, é vino de Jaén á Baeza, é de Baeza envió sus gentes á las Navas de
Tolosa, que tomasen los pasos, é señaladamente un paso que hay donde hay una
pasada muy estrecha en una peña, que no ha compiezo ninguno, é de yuso corre el
agua muy recia, é rauda. Así que teniendo aquel paso los moros, que nos no
pudiésemos pasar, ni nos dejasen subir al puerto. E todo esto supimos de los
moros que cautivamos despues.
Otrosí nos dijeron, que por esta razon mandara el Miramamoliu guardar
aquella pasada, porque menguando la vianda, é cansando, é falleciendo nosotros,
que nos hobiesemos de tornar.
Mas el nuestro Señor Jesucristo, á quien nos veniamos á servir, ordenólo
de otra guisa. E don Diego Lopez de Haro, á quien era dada la delantera, envió á
su hijo Lope Diaz, é á sus sobrinos Sancho Fernandez, é Martin Muñoz, que
fuesen adelante, é tomasen el puerto. Ellos fiando de nobleza, é de su bondad
no iban tan bien apercibidos como debian, é hobieran de ser escarnecidos encima
del monte en logar que dicen Castro-Ferrat de unos moros, que ahí fallaron, que
los saltearon. Mas quiso Dios que tomaron sus armas, é fueronse con ellos, é
echáronlos de aquel logar, é estovieron allí los cristianos, é pusieron sus
pendones, é sus tiendas.
El jueves luego llegamos nosotros al pie del monte á hora de nona, é
muchos de los nuestros subieron luego ese dia encima del monte, porque los
demás fincamos esa noche ribera de Guadalfajar, que corre al pie del monte. E
viernes de mañana llegaron los tres Reyes, el Rey don Alonso de Castilla, el
Rey don Pedro de Aragon, é el Rey don Sancho de Navarra.
E luego que llegaron, llamaron el nombre de Dios, é subieron encima del
monte, é pusieron ahí sus tiendas en una rinconada que face encima. E luego ese
dia combatieron el castillo de Castro, é ganáronlo. E so aquel castillo hay
unas peñas, é unos riscos, é grandes fortalezas, é fuertes lugares cerca de la
Losa en aquella posada. En aquel logar estaban grandes compañas de moros,
atendiendo si pasarían por allí los cristianos, por les facer daño en la
pasada, é se la embarazar que no pasasen. E en esto estovieron los moros todo
el dia del viernes, é del sábado hasta hora de tercia. E los moros facían
algazaras. E los nuestros otrosí. E ibanse hiriendo, así que hubo ahí de ambas
partes homes muertos pieza de ellos.
E de mientras que estaban los nuestros con los moros en estapelea, los
Reyes, é los Príncipes acordaban por do pasarían mas sin peligro, ca por la
Losa no podían pasar sin tomar grande daño. E porque veiamos ya el real de los
moros, é parecía la tienda bermeja del Miramamolin, hablaban los nuestros de
muchas guisas, é los consejeros eran partidos. Los unos decían, que se tornasen
por llano hasta el logar do estaban los moros, como quier que tardarían. E
decían, que esto estaba mejor, que no ponerse á pasar por el ca mino de la Losa
á gran peligro, é daño. E el noble Rey don Alonso dijo:
Este consejo que vos dades por mejor, ha en sí gran peligro: ca la
gente menuda, é las otras compañas, que esto no saben, no cuidarán si no que
nos tornamos con miedo, é que no queremos lidiar con los moros, é habrán las
gentes de tornar. E si una vez comienzan á tornar, é irse, no los podremos
detener. Mas es menester, pues que nos, é los moros nos vemos á ojo, que
vayamos á ellos, é como fuere voluntad de Dios verdadero, que es en el cielo,
así se faga.
E todos dijeron, que lo que el Rey decía era mejor. E así lo acordaron
todos ellos, que querían pasar. Dios en cuya mano el noble Rey don Alonso lo
dejaba, é por cuya fé venían todos á lidiar, envió un home como aldeano, ó
pastor, home mal vestido, é parecía que era el vestido de poco valor, según su manera
de parecer. E dijo, que él guardara tiempo habia su ganado en aquellos montes,
é que tomara por allí en aquel puerto liebres, é conejos. E dijoles, que él les
mostraría logar por do pasasen muy bien, é sin peligro por la cuesta del monte
en derredor, é que los llevaría escondidamente, que aunque los moros los
viesen, no les pudiesen empecer ninguna cosa, é que podíamos llegar al logar
que deseábamos para lidiar con los moros.
De cómo al Rey don Alonso apareció un pastor, é le mostro por donde
sin peligro pasase el puerto.
Esto que aquel pastor decía, no podía home creer que dijese la verdad,
por cuanto era borne mal vestido, é de persona non tan apostada: empero con
todo eso no quisieron dejar de lo probar. Enviaron á don Diego López de Haro, é
García Romero de Aragon adelante, que probasen si era verdad lo que decía el pastor,
é mandasen poner sus tiendas en un llano, que era cerca de los moros. El nombre
de Dios sea bendito, que quiso escoger cosas enfermas, é bajas para confundir
las muy altas é el pastor, que parecía persona vil, salió verdadero.
E don Diego López de Haro, é García Romero de Aragon tomaron el llano encima
del monte. E el sábado de gran mañana los tres Reyes oyeron misa, é los demás
cristianos, é tomaron la bendición del Arzobispo, é fueronse, é todas sus
gentes encima del monte, é dejaron á Castro-Ferrat desamparado, porque en lo
tener no veian pro ninguna. E los moros cuidando que no queríamos lidiar, é
como que nos Íbamos tirando afuera, porque no tomáramos el paso de la Losa, é
tomaron ellos á Castro-Ferrat con grande alegría.
E los tres Reyes guardaban la zaga de las sus gentes, é pasaron por el camino
que les enseñara el pastor, é llegaron al logar donde estaba don Diego López de
Haro, é García Romero de Aragon, que tuvieron la delantera. E los moros cuando
vieron que los cristianos no huíamos, como ellos cuidaban, mas antes nos
allegábamos al logar de la lid, hobieron gran pesar por ello. E por que vieron
otrosí encima del monte que estaban ya tiendas fincadas, é que querían fincar
otras, enviaron compañas de caballeros, que no nos dejasen poner el real. Ca
nos por la angostura del camino ibamos en ala, é llevábamos las haces de
luengo. E los nuestros pelearon con ellos reciamente, é echáronlos de sí, é con
la merced de Dios mantuvieron el llano, é pusieron el real, é fincaron sus
tiendas.

Batalla
entre musulmanes y cristianos. Cántigas de Santa María.
El Miramamolin cuando vió que la guarda del camino de la Losa no le tenia
pro ninguna, ni cuantas maestrías había fecho, en el punto que vio que nuestras
tiendas habíamos puesto, paró sus haces en el campo, pensando que luego aquel
día del sábado queríamos lidiar con él.
E paró la mejor haz de caballeros que había, é á quien encomendara que
no hobiesen otro cuidado sino de guardar su cuerpo encima de un cabezo, que no
podia home subir, sino con gran afan: é á las otras tres faces puso en orden á
diestro, e á siniestro, muy bien apuestas é acuerdamente. E así estando desde
hora de sesta hasta hora de vísperas sus haces paradas, cuidaba que ese dia
peleáramos con él.
Mas los tres Reyes, é los príncipes habían habido su acuerdo, é ordenaron,
que no lidiasen con él hasta el lunes, porque las gentes, é los caballeros eran
muy cansados de los graves montes que habían pasado: é por eso tovieron por
bien que los homes folgasen e pensasen de sus bestias aquellos dos dias sábado
é domingo: é el lunes con la merced de Dios, que lidiasen con los moros, é así
se hizo.
E el Miramamolin, porque non lidiamos con él luego aquel sábado, tomó en
sí gran soberbia, é gran gloria, que bien cuidó que lo dejabamos con miedo. E
luego mando facer cartas, e envió las á Baeza, é Jaén, que les facia saber, que
tenia cercados á tres Reyes cristianos, é que los cuidaba tomar presos fasta
tercero dia. Empero despues nos dijeron los moros que fueron presos, que le
dijeron algunos de los moros, que eran mas entendidos, al mismo Miramamolin
cuando vieron que enviara aquellas cartas:
Señor, aquellos cristianos,
según parece, mas se guisan para lidiar, que no para fuir.
E otro dia domingo por la mañana el Miramamolin paróse en el campo, como
ficiera en el dia de ante, é estuvo en el campo sus faces paradas fasta hora de
nona. E por que facia gran calor, trojeron una tienda muy bermeja, é muy
fermosa en que estuviese el Miramamolin, é asentóse so ella muy gloriosamente.
E nosotros fecimos el domingo bien así como el dia de ante, é pensamos
cómo, é en que guisa le acometiésemos otro dia. Este domingo comenzó el
Arzobispo de Toledo, é todos los Obispos á predicar á las gentes, é dar grandes
perdones, é mandar como estoviesen todos guisados para lidiar otro dia de
mañana. Este dia mesmo el Rey de Aragon, leal amigo del Rey don Alonso de
Castilla, armó caballero á su sobrino Nuño Sanchez.
En estos dias sábado, é domingo los moros siempre acometieron la parte postrimera de las huestes á manera de torneo, según costumbre de los moros. E el Miramamolin desque vido que aquel dia no queríamos pelear con él, tornóse para su real, do primero estaba, entre nona, é mediodía.
Del dia de la Batalla, é de cómo estaban los moros, é los cristianos.
Otro dia lunes á la media noche sonó en las tienda de los justos voz de
alegría, é comenzó el pregonero á pregonar, que todos se aparejasen, é se
guisasen para el dia de la lid de nuestro Señor Jesucristo, é comenzasen de se
armar los caballeros los cuerpos, é todos ficieronlo así. E ellos armados
todos, dijeronles la misa de la Cruz. E la misa acabada, ficieron todos la
confesión, é absolviólos á todos el Arzobispo don Rodrigo. E luego tomaron sus
armas, é apartaronse en el campo, é ordenaron sus haces así como lo habían
entre sí puesto.
Entre los caballeros hobo la delantera don Diego López de Haro, con sus
parientes, é con sus vasallos. La segunda haz tenia don Gonzalo Nuñez con los
freyles del Temple, é del Hospital de San Juan, é de Santiago, é de Calatrava.
E la costanera tenia Rui Diaz de los Cameros, é su hermano Alvar Diaz, é Juan
Gonzalez, é otros nobles caballeros. E en la postrimera haz estaba el noble Rey
don Alonso, é don Rodrigo Arzobispo de Toledo, é con él los otros Obispos, que
contamos de suso. E de los Ricoshomes estaban con él Gonzalo Rodriguez, é sus
hermanos, Rui Perez de Villalobos, é Suero Tellez, é Fernán García, é otros. E
en cada una destas haces estaban los comunes de las ciudades.
E el Rey don Pedro de Aragon ordenó otrosí sus haces, é sus gentes en
tres haces. E la delantera dió á García Romero, é la segunda haz tuvieron Simon
Coronel, é Aznar Pardo; é en la postrimera haz estaba el Rey con los
Ricoshomes, é caballeros de su reino. E en las costaneras puso homes de su
tierra, é hobo consigo de los comunes de las ciudades de Castilla. v
E el Rey don Sancho de Navarra con sus Ricoshomes, é caballeros iba á
guisa de ardid, é de noble á la diestra del noble Rey de Castilla. E había
consigo el noble Rey de Navarra estos comunes de Castilla, que eran los de
Segovia, Avila, é Medina.
Las haces así paradas, é ordenadas, alzaron las manos al cielo invocando
el nombre de Jesucristo. E movimos todos á golpe, é fuimos á ferir de buen
talante, é de gran corazón en los enemigos. E los primeros, que dieron las primeras
feridas en las haces de los moros fueron Lope Diaz, fijo de Diego López de
Raro, é sus sobrinos Sancho Fernandez, é Martin Muñoz, que eran en las primeras
haces del dicho Diego López de Haro, de los cuales contamos de suso, que
tomaron el llano de la Losa. E estos como eran nobles, é ardides, no quisieren
que otro les llevase esta mejoría.
E los moros ficieron encima de un cabezo á manera de plaza de las hastas
de las saetas, é dentro estaba una haz buena de gente de á pie. E en medio
desta plaza se asento el Mjamamolin, é tenia cerca de sí una espada, é tenia
vestida una alquifara, que fuera de Abdemalique el primero Rey de los
Almohades, é tenia cerca de sí el libro de su mala porfía, el cual dicen Alcoran.
E fuera de aquella plaza estaban otras haces de peones que hicieron gran
cava, é metieron en ella hasta los hinojos. E estaban dos á dos, unos delante, é
otros detrás, é tenían los muslos atados unos con otros, así que estoviesen
firmes en la lid, por cuanto estaban atados, é tapiados, é non podían huir. E
delante de la plaza estaba una grande haz de caballeros de los Almohades muy
bien armados, é encabalgados, que era un grande espanto de los ver.
A diestro, é á siniestro estaban tantos de alarbes, que no había cuento,
é eran muy ligeros, é muy atrevidos, é facían gran daño en los que no los
habían usado, que cuando home cuidaba que fuian, entonces tornaban: é cuando
cuidaban que eran vencidos, entonces se esforzaban é cuando hallaban anchura, é
llano, entonces mataban. Estos andaban á una parte, é á otra, e non tenian haz
ninguna, porque hiciesen revolverlas nuestras haces, é derramar porque los
suyos non se pudiesen arrancar, nin matar.
E non creo que de los nuestros, nin de los suyos ninguno pudiese decir ciertamente
cuantos eran, salvo que nos dijeran los moros que despues cautivamos, que eran
los moros de á caballo ochenta veces mil caballeros, é los de á pie, que non se
podia dar cuenta. E dijeronnos, que entre ellos habia unos moros, que eran de
la sierra de Ascarta, que era en cerca de Marruecos, é el Rey suyo non se
pagaba dellos, é por dar á entender que habian talante de cobrar la gracia del
Miramamolin el su Rey, decendieron de los caballos, é estovieron de pie, é de
estos es maravilla si ninguno escapó.
Otrosí adelante de su Rey estaba una grande haz de caballeros muy bien guisados, é muy bien encabalgados, é muy temerosa gente, é bien guisada de lo que había menester.
Cómo fue la batalla.
Los moros estovieron muy recios, é muy fuertes en aquel logar, é
comenzaron á alonga de sí los de la primera haz, que tenia don Diego Lqpez de
Haro, que sobian contra los moros por una sobida muy agra, é hobieronse algún
poco á detener. E los de las haces de Castilla, é de Aragon llegáronse en un
tropel, é fueron á ayudar á los primeros, é fué allí la batalla muy grande, é
estuvo la lid en près, é en duda, é en muy gran peligro, así que algunos no de
los mejores, nin de los mayores, parecía que querían huir.
Mas los de las primeras haces, é los de las medianeras de Castilla, é de
Aragon ayuntáronse todos en uno, é lidiaban muy reciamente, é las costaneras otrosí
paráronse muy recias contra los moros; así que algunos de los pueblos, como
homes sin bien, é sin vergüenza, comenzaron ya como que querían fuir.

Huida de
los almohades. Cántigas de Santa María
El noble Rey don Alonso cuando los vido, dijo así á grandes voces, que
todos lo oyeron, contra el Arzobispo don Rodrigo:
Arzobispo yo, é vos aqui
muramos.
El Arzobispo le dijo:
Non quiera Dios que vos aquí murades, mas el dia de hoy venceréis
aquí á vuestros enemigos.
E el Rey dijo:
Vayamos apriesa á acorrer á los de la primera haz, que estan en gran
afincamiento.
En esto Gonzalo Rodriguez, é sus hermanos fueron á acorrer los
delanteros. E Fernán García, que era muy buen caballero, é se viera ya en
muchas priesas, trabó al Rey de la rienda, e dijole:
Señor, id paso, que acorrer habrán los vuestros.
El Rey noble don Alonso dijo otra vez al Arzobispo don Rodrigo de Toledo
Yo, e vos aquí muramos, ca en tal logar nos es buena la muerte.
E el Arzobispo respondió:
Si á Dios place, el vencer es para vos, é non la muerte e si Dios
otra cosa toviere por bien, todos somos prestos para morir con vos, é por vos.
E nos el Arzobispo Don Rodrigo damos testimonio delante de Dios, e de
los homes, que el noble Rey don Alonso en todo esto nunca mudó la color, nin la
palabra, nin el continente: antes estovo siempre muy sin miedo, como si fuese
un león, presto para morir, ó vencer en toda guisa. Y el viendo que los que
estaban en la delantera, estaban aun en priesa, é en queja, non la pudo sofrir,
mas aquejóse por los ir á acorrer.
E enderezándolo nuestro Señor allegaron las señas de los cristianos á la
plaza á do estaba el Miramamolin.
E la Cruz otrosí, que siempre andaba delante del Arzobispo de Toledo,
traíala aquel dia un canónigo de Toledo, que decían Domingo Pascual, é por
todas las haces de los moros pasó, milagro de nuestro Señor Jesucristo sin
ninguno de los suyos ser ferido, nin la Cruz abatida, é duró todavía firme
fasta el fin de la lid. E en el pendón de la provincia de Toledo estaba la
imagen de la Bendita, e Gloriosa Virgen Sancta Maria, amparadora de España.
E al golpe que llegó el pendón de la imagen de Santa María, los moros,
que fasta aquella hora esto vieron fuertes, é recios, luego volvieron las espaldas,
é comenzaron á fuir, é los cristianos firiendo, é matando en ellos muy
cruelmente de grandes feridas. E el Miramamolin cuando aquello vido, é con la
gran queja que los cristianos daban en él, é en los suyos, é por consejo de su
hermano, que decían Cid Alazari, cabalgó en una yegua bobera, é fuyó con cuatro
caballeros solos, que le fueron compañeros en aquel peligro, é llegó á Baeza.
E preguntaron los su yos de Baeza, que qué farian? E dicen, que él les
dijo:
Amigos, non puedo aconsejar á mí, nin á vos Dios sea con nusco.
E tomó otra bestia, é fuese á Jaén, é llegó ahí en la noche. En tanto
los castellanos de la su parte, é los navarros de la suya ficieron todo su
poder contra sus enemigos, así que murieron de los moros á tantos, que non
había cuento. E el Arzobispo de Toledo dijo al noble Rey don Alonso cuando lo
vido:
Señor, miembresevos la merced que vos Dios fizo el dia de hoy, que
hoy cumplió en vos la su gracia, é tiró de vos toda cuanta mengua hobistes
fasta el dia de hoy, e vos sacó del gran quebranto, que sofristes fasta el dia
de hoy.
Otrosí, señor, miembresevos de la vuestra buena caballería, é de la
vuestra noble gente, por cuya ayuda sodes llegado á tan gran gloria, é á tan
gran honra, é placer.
E acabado de decir el Arzobispo don Rodrigo estas cosas, comenzó él mismo
á cantar. Te Deum laudamus: é los otros Obispos, que ahí eran con él,
siguieron su cantar fasta el fin. E era ahí el Obispo de Palencia don Tello, é
don Rodrigo Obispo de Siguenza, é don Melendo Obispo de Osma, é don Domingo
Obispo de Plasencia, é don Pedro Obispo de Avila, é muchos clérigos, que con
ellos eran, que lloraban á vivas lágrimas de placer, que todos habían, por el
bien, é la merced que Dios hiciera aquel dia á los cristianos.
E el campo yacía tan lleno de los moros muertos, que non podíamos pasar
por cima con muy buenos caballos que traíamos sobre los moros, si non con gran
peligro. E en la plaza do estaba el Rey moro, fallamos moros de muy grande
estado, é grandes de cuerpo desaguisadamente. E lo que fijé muy gran maravilla
así es, que yaciendo tantos moros muertos en el campo, é todos desnudos, que
los despojaban los menudos, é todos degollados, é despedazados, en el campo non
fallamos ninguna señal de sangre.
E el alcance duró por todas partes fasta en la noche. E de los nuestros non faltaron por todos si non fasta veinte é cinco homes muertos.
De la bondad que los cristianos ficieron en armas aquel dia
Cuales, é cuantas cosas ficieron allí los Ricoshomes de Castilla, é de
Aragon, é de Navarra, é los caballeros, é todos los otros, non creo que ninguno
lo pudiese contar, que non podia home tener ojo á tanto cuanto cada uno facia.
Quien pudiese decir cuánto, é cuán bien lo fizo la gente de Aragon, é cuán
reciamente lidiaron: cómo acorrió limen Coronel á los que tenían la delantera
con sus vasallos, é cómo don García Romero, é Aznar Pardo, é los otros
Fijosdalgo de Aragon, é de Cataluña se metieron en gran peligro cuando la lid
era en el peso: é cómo quebrantaron las fuerzas de los moros. ¿E quién podrá contar
la gran nobleza de Castilla, cómo acabó la facienda, é abajó á los enemigos, é
cómo tornó el denuesto de la Cruz en honra?
E quien quisiere contar la bondad de cada uno, antes cansarla la mano
escribiendo, que tal pudiese contar. Ga todos cuantos allí fueron de Castilla,
é de Aragon, é de Navarra, é los pocos que fincaron de allende los puertos de
Aspa, é montes Perineos, todos eran acordados de tomar muerte, y martirio por
el amor de Dios, y vencer en toda guisa. E esto así acabado á la merced de Dios
tornamosnos cuando se quería poner el sol, é asentamosnos en las tiendas, é
real de los moros, muy cansados, pero con mucha alegría, é muy esforzados por
cuanta merced Dios nos ficiera.
E ninguno de nos tornó á su real, si non homes de á pie, que fueron á
traer algunas cosas de las que allí teníamos.
Como quier que nosotros fuésemos
muchos, pero á tantos fueron los moros, que no teníamos por todos para henchir
la mitad de su real. E los que quisieron robar, é coger el campo, fallaron
mucho oro, é plata, é muchos paños preciados de oro, é seda, é muchas joyas
otras, é muchos dineros, é vasos, é tazas, é todo esto hobieron los homes de
ápie, é algunos caballeros de Aragon. E los que habían celo de la fé, é amor de
nuestro Señor Dios, é amaban la ley, é tenían vergüenza, nunca tocaron en cosa ninguna,
si non para alcanzar, matar, é vencer. Ca el vencer les era riqueza, corona, é
gloria. E en ello se trabajaron fasta la noche.
E el Arzobispo de Toledo hobiera defendido so pena de descomunión, que
home ninguno se parase á robar, mas que todos metiesen mientes en servir á
Dios, é al Rey, é facer bien por vencer. E cuanto es de los camellos, é de las
otras bestias, é de la vianda que allí fincó, que los moros trajeron, non hay
borne que la pudiese tener en cuento.
E aquel dia lunes, é otro dia martes fincamos ahí por descansar, é folgar. E los homes de á pie acarrearon todo lo que teníamos en nuestro real. E como quier que home non podia facer esto, que aquí diremos, maguer ello sea verdad, sabed, que en aquellos dias que allí estuvimos, non quemamos otra leña en el real de los moros, si non las astas de las lanzas, é de saetas, que los moros tenían, é non acabamos la mitad dellas, como quier que á sabiendas las quemábamos non habiéndolo menester.
De lo que ficieron los Reyes despues de la batalla con sus gentes
Fecho esto, é acabado, algunos de los
nuestros fueron á cercar el castillo de Bilches, que era muy fuerte. E nos al
tercero dia, que fué el miércoles fuimos allá, é tomaron los Reyes á Bilches, é
á Bannos, é á Castro-Ferrat, é á Tolosa, é de aquel dia en adelante fueron de
cristianos, é lo son hoy dia. Ese dia moramos ahí, é dejamos bien poblado el
castillo de Bilches de todo lo que había menester, é de muy buena gente.
E de ahí se adelantaron algunos
de los nuestros para Baeza, é fallaronia vacia, que fuyeron los moros cuando sopieron
del vencimiento, é vieron otrosí, que su Rey era fuido é non pararon ende, é fueronse
á Ubeda, salvo unos pocos que quedaron á la mezquita, é allí los quemaron. E
los tres Reyes hobieron su consejo, que cercasen á Ubeda, é cercáronla luego el
viernes.
E el lunes despues, á cabo de ocho dias que fuera la lid, llamaron el
nombre de Dios, é combatieron la villa de Ubeda, é plogó á Dios que del cabo
que combatían los aragoneses, un escudero de don Lope de Luna sobió por el muro
arriba: é cuando fué encima, que los moros lo vieron, así les quebrantó los
corazones, que luego se dieron al noble Rey don Alonso.
Los moros dieron luego mil veces mil doblas de oro, é que les dejasen la
villa enteramente: é algunos tovieronlo por bien. Pero pesábales á los Reyes,
como quier que non lo daban á entender, porque veian que aplacia á todos los
Ricoshomes.
Mas el Arzobispo don Rodrigo de Toledo, é el de Narvona defendieron de
parte del Papa, que lo tal
non se consintiese. E por esto
hobieron de asolar la villa, e derribarla toda. E los moros fueron cautivos
todos cuantos allí moraban. E los homes que comenzaron á tender las manos, é
mostrar codicia, firiolos Dios de tal enfermedad, que uno al otro non podían
darse el agua, nin vasallo á señor, nin compañero á compañero. E aunque nos
pesó hobimos de tornar para Calatrava, é allí fallamos al duque de Austria, que
traía consigo asaz de buena gente, é pensó llegar á la batalla, é non pudo.
E de allí se tornó con el Rey de Aragon, é nos fuimosnos con el Rey don
Alonso para la ciudad de Toledo, donde lo recibieron con gran procesión, é
dando gracias á Dios con grandes cantares, é grandes instrumentos, porque trajera
al noble Rey con tanta victoria, é sano, é con placer, é honra. E de allí envió
las gentes cada cual para su tierra.
E fué esta lid de las Navas de Tolosa en lunes diez é seis dias del mes
de julio de la era mil é docientos é cincuenta é de la Encarnacion del Señor
mil é docientos é doce. Despues tomó este noble Rey á Alcaráz, é otros logares.

Pendón de las Navas de Tolosa. Es un rico tapiz almohade, tejido en oro y plata sobre seda, que estaba en la tienda del califa, se conserva en el Monasterio de las Huelgas Reales en Burgos.

Monumento a la Batalla de Las Navas de Tolosa en la Carolina, Jaén
Fuente:
Historia de la Batalla de las
Navas de Tolosa que ganó a los moros D. Alonso VIII de Castilla, por
Rodrigo Ximénez de Rada. Edición realizada por el académico Pablo Barthe.
Madrid, 1846.
https://bnedigital.bne.es/bd/es/viewer?id=4fa32cdf-3a48-4047-88b1-9280d011af61&page=33
Imágenes:
1- https://senadocultural.senado.es/navasdetolosa
3- Imagen creada con inteligencia
artificial.
4- Imagen tomada de Las Cantigas
de Santa María
5- https://burgospedia1.wordpress.com/2011/06/12/pendon-y-batalla-de-las-navas-de-tolosa-procesionado-en-burgos/
6- https://historia.nationalgeographic.com.es/a/las-navas-de-tolosa-la-mayor-batalla-de-la-reconquista_19021
7- https://turismo.aytolacarolina.com/ver-visitar/monumento-batalla-navas-de-tolosa-avda-madrid/
Soldado Español
Málaga - 2026






